Habichuelas y gazpacho, el menú de la abuela en tiempos de pandemia

CRÓNICA pandémica en andalú. Menú con mucho arte y mucha sabiduría. Apto para todos los públicos. Por Celia Asencio Bonilla.

IMG_20200113_123645
Ilustración por Celia Asencio Bonilla

¡Ay! ¡Ese menú qué tanto me gustaba de la abuela! La abuela que todo sabía, que ponía patas arriba en un segundo a toda la familia, esa abuela que se merecía ir en cohete a la luna. Sí. La abuela…

Hoy es nosecuanto día de confinamiento de esta pandemia del mundo mundial, la pandemia que nos ha hecho invisibles como especies y vulnerables y tengo presente a mi abuela más que nunca, más de lo que ella pudo imaginar en su vida en una circunstancia como esta, básicamente porque si le hubiera pillao (y no pillado, como decimos aquí), se hubiera quedao de piedra, aluciná, pensando en su pueblo, en su fresco mañanero, en sus hermanas, en su habichuelas al sol y en su ropita tendía.

Esa abuela tan hogareña, andaluza de pura cepa, de inocencia alargá por la época que la educó, con sus costumbres diarias y su delantal puesto y su bata azulá. Ay, abuela, si tú supieras en el lío que estamos metíos, y eso que tú tenías una fe intocable al ser, a todos los seres, porque simplemente cada uno tenía lo suyo, pero… Mala, hija, lo que es mala, hay poca mala gente. Así es como lo decía una y otra vez.

Coronavirus, pero con menú de la abuela, eso es lo que he echao de menos, y las llamadas suyas pa’ ve si he comío bien, o no he comío. ¿Y el qué, niña? Porque… Pandemia, pero comer hay que comer bien. Y así también me lo diría, y entonces es cuando me río porque me doy cuenta de que estoy hablando frente al espejo, y con ella, y conmigo, pero viéndome reflejá en la niña que me hizo ser y en la mujer que me he convertío. Ahora echo de menos más que nunca tus patitas al aire fresco de la noche sentá en la silla del patio del pueblo, y tus comidas copiosas en los mediodías de verano, y tus camisones chapaos a la antigua, porque eras toda una guerrera, acompañá por un gran guerrero también, cómo no, mi abuelo.

Y resulta, abuela, que en mitad de esta crisis como nunca jamás te la habías imaginao, he vuelto a ver las primeras temporadas de Cuéntame cómo pasó, ¡fítetú!, y me doy cada día más y más cuenta de que os echo tantísimo de menos, a ti y al abuelo, de que veo en los personajes el puro reflejo de vuestra mirada, hasta huelo el olor a casa de toda la vida.  Y esa inocencia, como he dicho antes, esa inocencia que no os robaron pero que tampoco os trajo mucha cosa buena, con eso del no pensar en política, y el miedo que vivisteis.

Y ahora, cuando ya te has ido (aunque ya venía desde hace tiempo viéndolo), ahora más que nunca es cuando comprendo todo lo que habéis vivido, lo que habéis sido y lo que habéis dejao. Y tú, abuela, como mujer, lo que quisiste y no pudiste, o lo que pudiste y no quisiste, pero que al final, lo llevabas tó con elegancia, con esa elegancia de ser feliz en los pequeños detalles, con tus disgustos, mujer, pues claro, pero con entusiasmo y esmero.

Abuela. Abuela de pro, andaluza y con mucho arte, con mucho de tó, como las habichuelas que tú hacías, o esas croquetas, o esas tortillas. Porque hasta a la Virgen de Coronada, abuela, esa que tanta ilusión te hacía en tiempos de romería, y sin romería, me trae el mejor de los recuerdos, pese a mi cabezonería atea, hija mía, por mucho que lo intentaste. Lo que tú no ibas a imaginar era el dulce legado tan maravilloso que nos has dejao por tus formas de ser, con esas hechuras, una súper abuela; que, aunque no rece ahora, abuela, no te preocupes, hasta la virgen y el rosario me transportan a lo mejor de mi infancia, y eso ya es mucho más de lo que yo misma llegué a imaginar nunca. Echo de menos tus mandaillos, y tus preocupaciones (¡con lo jartible que eras!), y tus pelos por la mañana, y tus tostás enguachinás en café, y nuestras chuminás

Nuestro legado cultural andalú sabe a muchas cosas, y en las nietas y en los nietos estamos mantenerlo. A las mujeres de hoy, y a los hombres, nos sirve de mucho para construir y trabajar en el feminismo andalú, aprender de nuestras sabias como antes no pudimos valorarlas, y atraer a nuestra memoria, para lucha y resistencia, toda esa potencia y energía que nos transmitieron.

Con la trinchera a cuestas, con la casa a cuestas, con las ollas a cuestas, con los pimientos y los huevos fritos a cuestas, con la educación de tó a cuestas, pero siempre siendo casa, siendo amor, siendo resistencia, siendo más que nunca.

Autora: Celia Asencio Bonilla, podrás ver mi perfil en ¿por qué La Desmadrá?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s