Fondo

ARTÍCULO. Carmen Martínez Tortosa nos trae una reflexión interesante a raíz del libro `Mujeres que corren con lobos´ de Clarissa Pinkola. Sobre tocar fondo, ese fondo que se halla en las profundidades del alma.

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Ilustración por Carmen Martínez Tortosa

Sin duda soy yo un bosque y una noche de árboles oscuros: sin embargo, quien no tenga miedo de mi oscuridad encontrará también taludes de rosas debajo de mis cipreses. Friedrich Nietzsche

Voy a comenzar este  texto citando una frase de un libro llamado Mujeres que corren con los lobos, de Clarissa Pinkola Estés:

‘’El fondo es el mejor terreno para sembrar y volver a cultivar algo nuevo. Alcanzar el fondo, aunque sea extremadamente doloroso, es también llegar al terreno de siembra. ’’

Todas y cada una de nosotras hemos tocado fondo alguna vez, o por lo menos hemos visto como otras lo hacían. Cada una toca fondo a su manera, y por motivos distintos, es curioso como el dolor nos lleva por un camino más sencillo a lo más profundo del ser, como una patada o un empujón repentino. Ese fondo que, como lo describe Clarissa, es un lugar de siembra, ha sido la fosa de varios momentos de nuestra vida que nos han marcado, y en muchas ocasiones, en ese fondo han penetrado semillas podridas:  las semillas de la desigualdad, las semillas del machismo, de la educación, etc.

Estas semillas, a su vez, son regadas en momentos de la vida en los que se corrobora lo aquí citado,  abonándolas y haciendo que crezcan, poco a poco van transformándose: primero, en planta, después en flor y, por último, en fruto. El machismo ha crecido en muchas de nosotras y ha sido regado con más machismo. Especialmente, en momentos en los que hemos aceptado frases como: “cállate y no la líes”, “esto solo es un chiste no te lo tomes a mal”, “anda no seas una corta rollos”, etc.

Y esto se convierte, poco a poco, en un fruto que transmitimos a quiénes nos rodean, comiéndolo como Eva comió la bendita manzana prohibida, y hacemos que crezcan en los demás unas semillas que a la vez despreciamos.

Conocer nuestros puntos débiles y darnos cuenta de que gran parte del machismo que nos rodea se ha producido bajo nuestro permiso da mucho vértigo, pero  es una explosión de adrenalina saber que soy la responsable de transformarlo, para que todo a mi paso se transforme

Siempre se ha dicho que hay que arrancar de cuajo las malas hierbas para plantar semillas nuevas. Para eso, hay que mirar primero dentro de nosotros, hay que tocar fondo para darnos cuenta de qué es aquello que falla, qué he plantado yo y qué han plantado sin mi consentimiento.  No esperemos a que de una patada nos manden al fondo de nosotras mismas, encontremos el camino secreto que se esconde tras los prejuicios, las inseguridades y tras los miedos, de lo que pueda o no encontrarme allí dentro.

Lo que soy no es más que lo que he construido en base a unos cimientos ruinosos, lo que seré se construye solo en la conjugación en presente, yo soy dueña de restaurar y componer mi futuro. Conocer nuestros puntos débiles y darnos cuenta de que gran parte del machismo que nos rodea se ha producido bajo nuestro permiso da mucho vértigo, pero  es una explosión de adrenalina saber que soy la responsable de transformarlo, para que todo a mi paso se transforme.

Yo me llevo mi pala, para dar palazo a mis prejuicios,  pues soy humana y me equivoco, la primera semilla a plantar se llama aceptación.

Autora e ilustradora: Más artículos de Carmen Martínez TortosaIMG-20191102-WA0034

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