Las mujeres en el carnaval de Cádiz: el feminismo presente en las letras, ausente en las tablas

ARTÍCULO. El carnaval de Cádiz y la ausencia de mujeres en los escenarios. Escrito por Carmen Salud López González.

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Ilustración por Carmen Martínez Tortosa

La milenaria historia de nuestra tierra, Andalucía, nos ha dejado un gran legado artístico y cultural. Esa herencia también ha venido cargada de un puñado de valores patriarcales que se han ido legitimando de la mano de nuestras más preciadas tradiciones para bailarle el agua a una sociedad machista. Nuestra historia ha engrandecido las obras más importantes de pintores como Murillo, Velázquez y Picasso, así como un elenco de prestigiosos y reconocidos escritores, poetas y músicos: Lorca, Miguel Hernández, Machado, Manuel de Falla o Carlos Cano. Todos ellos, fantásticos y sublimes, forman parte de la materia cultural indispensable en el panorama educativo formal. Sin embargo, te pregunto ¿cuántas mujeres de nuestra historia se te vienen a la cabeza?

A nosotras nunca nos han considerado materia cultural indispensable. Y si lo han hecho, ha sido bajo el epígrafe “Historia de las mujeres”. Aisladas, en una historia aparte, en media página, en un minúsculo párrafo, dentro de un libro de 300 páginas más sin nosotras. Me pregunto, ¿dónde está Cecilia Böhl, la que todes conocemos como Fernán Caballero?¿Dónde está su madre Frasquita Larrea?¿ Y Victoria Martín “Barhié”, Mariana Pineda, Leonor López de Córdoba, María Zambrano? Grandes y memorables mujeres andaluzas que han quedado olvidadas para los libros de texto obligatorios de los centros educativos.

“Toda la historia de la lucha por la autodeterminación de las mujeres ha sido ocultada una y otra vez. Uno de los obstáculos culturales más serios que encuentra cualquier escritora feminista consiste en que, frente a cada trabajo feminista, existe la tendencia a percibirlo como si saliera de la nada, como si cada una de nosotras no hubiera vivido, pensado y trabajado con un pasado histórico y un presente contextual”, Adrienne Rich.

La situación de eterna desventaja de las mujeres se ha asentado y consolidado en todos los espacios. Para más inri, en estos tiempos en los que alguna gente dice “ya hay igualdad, pa´ qué queréis más” la desigualdad pasa desapercibida bajo el poder de la normalización. Al igual que en la educación formal, el carnaval de Cádiz no se ha librado de esta herencia, y, a pesar de su esencia libertaria, su historia se está escribiendo sin las mujeres en el carnaval de Cádiz. Cuando hablo de carnaval de Cádiz, hablo del patrimonio inmaterial de la humanidad, no solo del carnaval de las Puertas de Tierra para adentro.

En cualquier comunidad o sociedad, las fiestas suelen celebrarse, por tradición, en un entorno determinado, de manera que reproducen una y otra vez los mismos patrones culturales a lo largo del tiempo. En este sentido, aunque cambien las percepciones, los pensamientos y las costumbres según las épocas y las transiciones políticas, históricas y sociales, la tradición en las fiestas permanece transmitiéndose de una generación a otra. Andalucía no es una excepción, y así junto a las tradiciones se mantienen una gran cantidad de desigualdades de género que en otro contexto histórico, político y social podían ser consideradas irrelevantes, pero que en la actualidad han quedado obsoletas. No obstante, estas desigualdades quedan invisibles bajo “el poder de la tradición” y el “poder de nuestra cultura”.

Seguro que podrías enumerar un sinfín de grandes autores. Sin embargo, ¿puedes pensar en una sola autora de carnaval que haya llegado a tu reproductor de música habitual? ¿Una en la final del Falla? ¿Alguna en la fase preliminar?

Aludo al poder de la tradición y al poder de la cultura atendiendo a la capacidad de influencia que tiene el sentido de pertenencia a un determinado lugar y a sus tradiciones culturales, por las personas que se muestran reacias a cualquier tipo de cambio o transformación de aquello a lo que pertenecen y han pertenecido sus antepasados.

Es posible que si estas dentro del maravilloso universo del carnaval, conozcas a Paco Alba, el Tio la Tiza, Antonio Martin, Antonio Martínez Ares, Tino Tovar, El Peña, El Masa, El Noly, Manolito Santander, Juan Carlos Aragón, “El Selu”, Kike Remolino, Manolín Gálvez, Manuel Morera, Faly Pastrana, Julio Pardo, “El Canijo”o el Sheriff. Seguro que podrías enumerar un sinfín de grandes autores. Sin embargo, ¿puedes pensar en una sola autora de carnaval que haya llegado a tu reproductor de música habitual? ¿Una en la final del Falla? ¿Alguna en la fase preliminar?

Tiene su gracia que el carnaval sea la fiesta de la libertad, sin embargo que alguien me explique: ¿libertad para quién? Quizá para los autores (varones) que cantan e interpretan sus composiciones llegando a las tablas del templo de los ladrillos coloraos, donde por desgracia, a día de hoy, escasea la creatividad y los nombres de mujeres. A nosotras, el propio hecho de ser partícipes de las agrupaciones, no nos exime de formar parte de una jerarquía carnavalera que nos clasifica, igual que el sistema capitalista, según nuestros recursos musicales, artísticos y creativos, y, por supuesto, partiendo de nuestro género. Las agrupaciones de mujeres de un municipio andaluz cualquiera, presenten el repertorio que presenten en el teatro, ya saben de antemano que es muy probable que ellas no cierren la sesión. Ya sabes, eso es para los platos fuertes.

Pues sí, la clase y la jerarquía social carnavalera existe, y el género es un valor esencial para que se dé, no me lo estoy inventando yo. Si no existiera, todas las agrupaciones cantarían en el Falla, sin distinción entre oficiales e ilegales; lo que puede ser el sueño de cualquiera que salga en carnaval. En el concurso de la capital, las dos modalidades en las que ha aumentado la presencia de mujeres coinciden con el carnaval más elegante y refinado, con el más poético y sofisticado; la comparsa y el coro.

Sin embargo, para mayor desgracia, los coros y las comparsas del Falla en las que participan las mujeres están dirigidas por hombres, bajo la autoría de un hombre, la representación legal de hombres y un conjunto de instrumentos tocados, en su mayoría, por hombres.

Las modalidades del COAC en las que se ausentan las mujeres coinciden con aquellas que requieren la picaresca y las formas más “canallas” del lenguaje en sus composiciones. Pues, que un hombre de forma burlesca te diga “te canto lo que me sale de los huevos” hace que te puedas reír a carcajadas, pero que lo diga una mujer cambiando el término “huevo” por el de “ovarios”, ya suena más grotesco ¿verdad? Que barbarie y falta de respeto… Una mujer chirigotera, o peor aún, ¡cuartetera!

Sin embargo, para mayor desgracia, los coros y las comparsas del Falla en las que participan las mujeres están dirigidas por hombres, bajo la autoría de un hombre, la representación legal de hombres y un conjunto de instrumentos tocados, en su mayoría, por hombres. No es de extrañar que se den casos de agrupaciones de mujeres que hayan tenido que lidiar con aquellos que han querido llevar las riendas, pues dudaban de la calidad de la agrupación sin su presencia varonil. Algunas, ya han demostrado cuan equivocados estaban.

“Preferiría cien veces una muchacha simple y educada toscamente que una muchacha sabia e instruida que viniera a establecer en mi casa un tribunal de literatura del que ella se constituyera en presidente. Una marisabidilla es el azote de su marido. Todas esas mujeres con grandes talentos no infunden respeto sino a los necios. Toda esa charlatanería es indigna de una mujer honesta”. Una cita de mi amigo J.J. Rousseau.

Por lo general, si en algún inusual momento la mujer es “partícipe” de un grupo representativo, de estos que causan sensaciones en el respetable del Falla, su papel fundamental se resume a ser figurante, papel que requiere la importante y complicada tarea de simplemente posar en el escenario como atrezo y, muchas veces, presentan a la mujer como un adorno que simboliza una alegoría: el deseo sexual, la feminidad o la belleza. Aun así, muchas lo asumen y figuran orgullosas mientras un grupo de hombres depositan sus palabras machistas y varoniles dirigidas a ellas, ante un público que aplaude eufóricamente. ¡Qué importante lo de ser figurante! (Nótese la ironía)

Ya nos advertía Virginia Woolf (1990) en su obra El mito de la belleza sobre el control y la opresión a la que la moda y los ideales de belleza someten a la mujer. Pues el papel de “mujer florero” ha estado presente en el carnaval de Cádiz desde siempre. La coronación de las ninfas ha legitimado este papel durante años; un certamen de belleza en el que se elige a la reina del carnaval, por el mero hecho de ser mujer. Sin embargo, han sido muchas las asociaciones feministas y asociaciones de carnaval que han luchado para eliminar esta tradición que dejó de celebrarse en la capital en 2017, pero que se conserva en muchos municipios.

Quiero aclarar que el caso no es que las mujeres gaditanas y andaluzas, en general, no salgan en carnaval, no escriban, no sepan hacer música y no participen en agrupaciones. ¡Claro que lo hacen y llenan las calles! Pero no lo hacen a un rango mayor, como es considerado el concurso del Gran Teatro Falla, o para ser menos avariciosa, en una final de concurso de un pueblo cualquiera, por ejemplo, el mío. Porque, ¡cucha! (como dicen en mi tierra), si pasa un grupo de mujeres a la final, no es que haya entrado merecidamente porque el jurado haya puntuado favorablemente sus composiciones más genuinas sino “que se han colao”, o peor aún “que las han metido en la final” (esto último será porque las mujeres dependemos eternamente de los demás, especialmente de hombres, para nuestros logros, claro).

Además, salir en el Falla o en cualquier teatro, requiere de muchas horas de trabajo y ensayo. Si lo piensas bien, las mujeres después de dos jornadas laborales (una en el sistema de mercado y la otra doméstica y del cuidado, y esta última no remunerada por cierto), ¿acaso tienen tiempo para ensayar? ¿Componer? ¿Respirar? ¡Normal que no haya agrupaciones de mujeres en los concursos!

Y encima, nos lo creemos. Las mujeres hemos asumido que “destacar” es algo que no se ha reservado para nosotras; nos han educado para que lo sepamos y lo hemos aceptado sin más. De ahí que a veces las agrupaciones de mujeres, en ocasiones, ni se presenten a los concursos.

Además, salir en el Falla o en cualquier teatro, requiere de muchas horas de trabajo y ensayo. Si lo piensas bien, las mujeres después de dos jornadas laborales (una en el sistema de mercado y la otra doméstica y del cuidado, y esta última no remunerada por cierto), ¿acaso tienen tiempo para ensayar? ¿Componer? ¿Respirar? ¡Normal que no haya agrupaciones de mujeres en los concursos! Porque también nos han educado para cuidar y ser madres, pero eso es otra historia de la que hablaremos en otro momento.

De todas formas, la masculinidad hegemónica impide que un hombre considere que compites a su mismo nivel. Por favor, a su mismo nivel están otras agrupaciones de hombres, pero, ¿un grupo de mujeres? “Anda ya, pobrecitas, hay que ayudarlas y sacarlas para adelante”. Como si nosotras no tuviésemos las capacidades suficientes, la creatividad, el ingenio, el sarcasmo y la picardía para sacar una chirigota, tres comparsas, un coro, seis cuartetos y un romancero. No estoy yo segura de si todos los componentes de las agrupaciones masculinas están preparados ya, en el año 2019, para sacar seis lavadoras, dos niños, tres comidas y un bote de lejía.
Como he dicho antes, esto se acepta, sin más.

Se acepta sin más que canten normalmente los hombres.
Se acepta sin más que dirijan los hombres.
Se acepta sin más que si hay algún grupo de mujeres, los grupos de hombres siempre son mejores.

Y, lo mejor de todo, ¡después se tiran todo el mes de carnaval cantando letras a favor del feminismo, contra la violencia de género y la igualdad! Si Simone de Beauvoir levantara la cabeza diría: “¡Feminismo, TÚ!”

Por todo esto, la agrupación en la que salgo nunca ha sido una chirigota femenina ni mixta: ¿cuántas agrupaciones de hombres especifican su género o su sexo? Te imaginas, “Comparsa masculina Los Carnívales”. “Chirigota masculina del Selu”. Suena raro, ¿verdad? Parece que exista una ética socialmente aceptada por la que hay que especificar que los espacios en los que participan grupos de mujeres han de ser calificados como “femeninos”, ya sea el ámbito que sea, el deporte, el arte, o la cultura. Al fin y al cabo, la calificación de femenina no necesariamente tiene que asociarse a mujeres, ni masculina a hombres.

Mi agrupación, si tiene que calificarse con algún adjetivo, será “chirigota feminista” que es lo que hace falta en este momento en el mundo del carnaval. La presencia mayoritaria de mujeres en nuestro grupo no será el motivo que nos jerarquice y mucho menos dictamine la calidad de nuestro repertorio.

En los últimos años, son dos las mujeres las que han participado en el COAC incorporándose a grupos reconocidos de hombres: Milian Oneto en la comparsa de Jesús Bienvenido, y Alba González en la chirigota del Bizcocho, siendo la única mujer de esta modalidad sobre las tablas del Gran Teatro Falla a día de hoy.

Para conseguir erradicar este tipo de desigualdades, hemos de ser conscientes de la necesidad de una revolución educativa y que, además de recordar la lucha de nuestras hermanas de ayer, hemos de considerar las necesidades de nuestro momento histórico, social, político y cultural, y en cualquier caso, seamos partícipes alzando la voz en nuestros barrios, en nuestras ciudades y municipios, porque somos andaluzas y parte de nuestra historia y de nuestra cultura. Tenemos que gritarlo a los cuatro vientos, tenemos que seguir escribiendo, componiendo, tocando, actuando y sintiendo. ¡Vamos a reescribir la historia!

Carmen Salud López González
Si la mujer quiere los carnavales
será algo más de lo que siempre fue
le ha llegado ya la hora de soltar amarras.
Que en su comparsa y en su chirigota
nunca haya nadie que no sea mujer
y que cargue con la caja, el bombo y la guitarra.

Venga mujer gaditana
que ha llegado ya el momento
tú ve mordiendo de la manzana
que aquí el paraíso es el carnaval
y de este paraíso nadie te echará
aunque muerdas del árbol que te de la gana.

Juan Carlos Aragón Becerra

Pasodoble del autor Germán García Rendón contra el machismo.

 

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Ilustradora: Carmen Martínez Tortosa IMG-20191102-WA0034

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