Sin ecofeminismo, no vamos a ninguna parte

EDITORIAL. Revolución en Latinoamérica.

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Ilustración por Carmen Martínez Tortosa

El capitalismo por fin está mostrando su cara B, esa cara que no queríamos conocer porque sabíamos de antemano que nos iba a conducir al desastre, pero que sin su olor a podredumbre no íbamos a identificar la raíz del problema y el fondo de la cuestión, que es nada menos que la Tierra tiene gripe y que veníamos alimentando sus virus desde hace tiempo. Parafraseando Orson Welles, la sed de mal, que es un título tan poético como descriptivo de la realidad, está llegando a su final, o al menos a algo parecido, y esta generación tendrá el honor y la desgracia de vivirlo para contarlo.

Nos hemos lanzado a la calle. Sí. Y no sólo eso: las mujeres han caminado y venido hasta aquí para quedarse, para liderar muchos de los movimientos que quieren un cambio estructural, un cambio sin precedentes. No es pura teoría, el cuadro de las últimas semanas puede corroborar lo y debemos estar muy atentos para saber canalizar toda esa fuerza y analizarlo como se merece.

Latinoamérica, tierra de colores

Quisiera empezar por esta tierra de ensueño, la misma que nos enriquece con todos esos sabores encontrados, distintos, y que definen muy bien la variedad que tiene este vasto territorio de norte a sur. Una extensión que tiene una historia sufrida, preciosa y amarga, alucinante y dura, diferente y parecida; y que pone de manifiesto en cada rincón de sus regiones y países la desigualdad que ahora padecen por aquellos lodos pasados que aún siguen espesos y calientes.

Ecuador se levantó. Se levantó y bien temprano, con mucha fuerza, con una energía liberadora, con una voz diferente. Han ganado un pulsito más a las corporaciones, al FMI, al poder económico mundial, a la banca, a las explotadoras transnacionales, a la élite mundial que quiere la subordinación de las mayorías a las minorías… Un pulsito con más color morado y con más conciencia sobre la naturaleza, sobre aquello de que somos tierra y agua, sol y viento… Somos porque hemos nacido aquí y de la materia que se creó en nuestro planeta. Ecuador se despertó para no volverse a dormir. Fue emocionante cuando vimos las imágenes de la marcha de las mujeres caminando hacia el norte de la ciudad. Nos dejó sin palabras.

El pueblo indígena ha venido para reclamar lo que es suyo: Kichas, shiwiar, shuar, saraguros, kañaris, kituakaras, chibuleos, puruhás… Han venido y no los moverán. La excusa de retirar los subsidios al diésel a la gente, a su gente, ya no cuela. ¿La estrategia? Subir los impuestos al carburante para que sean los y las locales las que paguen los platos rotos, aquellos de que nos estamos quedando sin materia prima y comprar se hace muy caro, en vez de que paguen los de fuera, que paguen los de dentro. Fácil y en bandeja, economía liberal para liberales, eso sí, las ciudadanas y los ciudadanos los últimos de la fila, especialmente, que se lo digan a todas las mamás que siguen llevando la gestión de la economía familiar, el peso sobre sus hombros de hacer cuentas y de que no falte a la mesa, de ser ellas las que reparten aún en las tareas de los cuidados, en esa red de protección de lo más básico. Y por todo ello, la emoción no podía ser menor cuando miles de mujeres se echaron a andar por sus carreteras y sus plazas, ¡ya no más, ya no más! Ya no más al encarecimiento de los productos básicos, al trabajo femenino no reconocido ni pagado, a los despidos y a la bajada de salarios, a la permisividad fiscal con los que más tienen, a la privatización de la jubilación y educación…

Esas grandes corporaciones de corbata siguen lideradas por hombres, las estadísticas lo demuestran, la toma de decisión en energía y gestión a nivel macro (y micro) es de ellos. Las mujeres aún no han decidido qué clase de futuro quieren y están luchando para despojarse de todo control de sus vidas y sus cuerpos.

El problema de base no se explica como se debe: las petroleras se están quedando sin su materia prima y aquí tienen que buscar una solución rápida y sencilla, da igual el coste ecológico y humano. Se trata de ganar dinero y generar beneficios a un coste mayor del que nuestro planeta puede sufrir. Hoy Ecuador ha dicho que no.

De nuevo entonces: la revolución será ecofeminista o no será. Entre otras cosas porque esas grandes corporaciones de corbata siguen lideradas por hombres, las estadísticas lo demuestran, la toma de decisión en energía y gestión a nivel macro (y micro) es de ellos. Las mujeres aún no han decidido qué clase de futuro quieren y están luchando para despojarse de todo control de sus vidas y de sus cuerpos.

Días después se sumó Chile. Chile también se levantó y ¡cómo lo hizo! También pasó (y pasa) lo mismo: represión sobre los cuerpos, sobre la gente de a pie, por parte de una institución podrida de capitalismo y violencia económica. Un gobierno que ha supeditado a sus chilenas y chilenos el dictamen de la economía salvaje. Chile gritó en cánticos diurnos y nocturnos hasta doler, porque más duele que te quiten lo que es tuyo si es tuyo de verdad. Todo empezó cuando el Ministerio de Transportes chileno anunció una nueva subida del metro. Días después, los estudiantes comenzaron a colarse en los vagones para evadir una subida injusta y que no ponía una vez más en el centro la vida de las personas.

Chile, el laboratorio estadounidense del neoliberalismo, ha desbordado en masa. La brecha allá es terrible y con los datos encima de la mesa podemos echarnos las manos a la cabeza: el 10% más rico tiene 39 veces más ingresos que el 10% más pobre y el 33% del ingreso que genera la economía chilena lo capta el 1% más rico. Y otro dato más: en Santiago de Chile un piso de dos habitaciones puede costar los 500 euros, el salario mínimo no llega a 400 (información recogida del artículo ¿Qué pasa en Chile? de la revista CTXT). Esto y la privatización de todo lo absolutamente capaz de ser privatizado ha desesperado a la gente, la ha puesto en el límite, humillado y apartado de la posibilidad de tener una vida digna.

Según el Instituto Nacional de Estadística de Chile el sueldo promedio de las mujeres fue casi un 28% menos que el de los hombres. Entonces, ¿qué futuro les depara a las chicas jóvenes con el panorama precario que desdibuja un Chile corrupto, sin memoria histórica y con más pobreza para los de abajo?

Pensemos por un momento: si la brecha salarial entre ricos y pobres es terrible, ¿qué les queda en especial a las mujeres si dentro de esta brecha existe otra mayor entre hombres y mujeres? Una realidad latente en todo el mundo, ahí están las cifras: según el Instituto Nacional de Estadística de Chile el sueldo promedio de las mujeres fue casi un 28% menos que el de los hombres. Entonces, ¿qué futuro les depara a las chicas jóvenes con el panorama precario que desdibuja un Chile corrupto, sin memoria histórica y con más pobreza para los de abajo? ¡Basta! Dijo Chile, mientras el sol salía por colinas y montañas y daba calor a través sus rayos incandescentes. Mujeres y hombres, jóvenes y mayores se han enfrentado por fin a un sistema que por tener no tuvo ni memoria a sus muertos, como esta España que ahora empieza a despertar del letargo.

Y menos de sus muertas.

Sin ecofeminismo, no vamos a ninguna parte.

Colombia. En Colombia se han vuelto de repente las tornas y el pueblo colombiano ha preferido a una alcaldesa con aires frescos y renovadores para su capital. La exsenadora Claudia López será la alcaldesa de Bogotá, primera mujer en llegar al segundo cargo más importante de Colombia. Un cambio sustancial en un país que se encuentra en mitad de unproceso de paz, también aborrecido por la corrupción y la violencia, por la desigualdad y por el machismo, aunque no más que en otros lugares del mundo.

La alcaldesa viene de la formación Alianza Verde, sin embargo ha suscitado más interés por el beso que se dio con su pareja en la celebración de los resultados de los comicios regionales que por sus postulados ideológicos. Sí hay una cosa importante en toda esta nebulosa y es que por fin este pequeño paso podrá ser grande mañana. Es un gesto, un símbolo, pero que desde luego nos hace pensar que Latinoamérica está alzándose tras siglos de subordinación blanca y patriarcal.

En un mes hemos visto cómo países tan importantes del continente americano se han hecho fuertes y poderosos en revolucionarse contra toda este neoliberalismo complejo que destroza el centro de la vida: la vida propia. Como he dicho, Colombia, en mitad de un proceso de paz, y también de un conflicto de intereses territoriales, ha hecho un gesto a la humanidad, un gesto que tendrá que verse más adelante en qué se convierte y se transforma. Si tenemos que sacar en claro algo de lo que sucede en Latinoamérica y, general, en el mundo es que las nuevas guerras son medioambientales.

Medioambientales por varios motivos: uno, porque nos morimos y ya no estamos dispuestas y dispuestos; dos, porque el capitalismo financiero transnacional está luchando por la hegemonía y control de los nuevos planteamientos “verdes” para seguir explotando de la misma forma en la que ha estado explotando los viejos recursos naturales.

De ahí que sin ecofeminismo, simplemente, no seremos.

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