Antonia Avalos Torres: “sobre los cuerpos de las mujeres jóvenes se está ensañando el machismo y el patriarcado como respuesta y reacción a todas estas conquistas”

VOCES. Entrevista realizada por Celia Asencio Bonilla.

FOTO ANTONIA
Fotografía realizada por Amanda Conde

Antonia Avalos Torres llegó en un avión con su hija hace trece años, dejando en México, el país que la vio nacer, una vida llena de dureza y maltrato. Como muchas mujeres, llegó sin red de apoyo y con unas cuantas maletas cargadas de miedo, de angustia y de soledad por haber vivido durante años en su propia casa una situación de violencia machista. Desde entonces, reconstruir esos trocitos rotos ha sido el mayor reto en estos años, un reto que se ha convertido en enriquecimiento personal y proyectos ilusionantes: desde el empoderamiento a través del estudio hasta la construcción de un espacio en la capital andaluza para mujeres que sufren violencia machista; una asociación cuyo nombre, Mujeres Supervivientes, lo dice todo en pocas palabras. El equipo lo componen muchas compañeras que día a día trabajan para conseguir un espacio y una ciudad más igualitaria, más segura y más humana, unas luchadoras que se han encontrado demasiados obstáculos en el camino, pero que persisten más allá de los límites que la sociedad impone.

¿Cómo llegas hasta aquí? Para poder entrar legal a este país, aprovechando que en México era profesora de historia, solicité matricularme en la Universidad de Sevilla como doctorando en Estudios de Género y así conseguir el visado. Llegué sin red de apoyo y, claro, la consecuencia es que aterrizas con mucho miedo y mucha angustia, porque además de arrastrar hasta acá todo ese temor y toda esa desolación de lo vivido,  no conoces a nadie.

Mujeres Supervivientes es ahora una red de apoyo y un espacio combativo fundamental, ¿cómo surge la idea? Bueno, tiene que ver con esta parte experiencial de ser una superviviente y con tener, también, un bagaje teórico feminista. Cuando llegué a Sevilla, me puse a estudiar mucho más sobre género y, aunque la iniciativa fuera mía, ya que lo personal se convierte en política, la desarrollé con otras mujeres, trabajamos mucho. Me apoyé como base fundamental en la teoría de la feminista Leonor Walker, ya que ella habla de esa capacidad de resiliencia de nosotras cuando hemos transitado por experiencias tan límites, como por ejemplo el hecho de poder haber sido asesinadas, el haber vivido todo ese desgaste físico y psicológico, todo ese deterioro como persona y como mujer y que, sin embargo, convive con esa capacidad de supervivencia de agarrarte a la vida. Así que lo primero que hicimos fue abrir un comedor social, ya que es una idea que surge durante los años duros de la crisis. Mujeres Supervivientes es una red de apoyo, por tanto, para mujeres que hemos vivido violencia, no sólo inmigrantes, también españolas. Entre todas estamos tejiendo una red muy potente.

 ¿Con qué recursos contabais al principio? La iniciativa empezó con lo poco que cada una podía aportar: un saquito de arroz, uno de lentejas, otro de garbanzos y así poco a poco íbamos cocinando. Ya tiempo después sí que empezamos a pedir subvenciones, pero no se han mantenido a lo largo del tiempo, nos la dan, nos la quitan… Nosotras somos unas tías que estamos resistiendo a todo, ya te digo, hemos resistido a todas las violencias, a todo el racismo y ahora a lo que haga falta para poder seguir hacia delante con Mujeres Supervivientes. También, ha habido momentos en los que hemos lanzado al mercado la venta de vino ecológico cuando nos han quitado la ayuda institucional. Tenemos ya mucha experiencia, hemos crecido y aprendido mucho en estos años, el comedor tiene una dialéctica y una energía brutal, ya se nos ha ido de las manos (risas).

En México no sólo eras profesora de historia sino que además publicabas con perspectiva de género, ¿cómo sentías el hecho de ser una persona formada en la teoría y paradójicamente vivir una situación de maltrato en casa? Estás muy enajenada y muy embrutecida en la relación, reconocer que estás viviendo esa situación no es nada fácil, nadie se ve a sí misma sufriendo abuso y maltrato en tu propia casa. Y claro, no lo nombras como hay que hacerlo delante del espejo porque te genera mucho dolor, mucha culpa, muchísima vergüenza… Es horrible.

Mujeres Supervivientes se basa en cuatro ejes de actuación: Intervención, investigación, formación y comunicación. Con respecto a la intervención, muchas personas piensan que sólo se actúa cuando hay una violencia explícita, ¿somos conscientes de todas las formas de violencia y abuso que sufrimos las mujeres? No somos conscientes, por eso la labor tan importante de la educación, de la concienciación y de la sensibilización para ir desmontando todas esas violencias que tenemos tan naturalizadas en nuestras vidas: desde el lenguaje hasta el acoso y la violación. Constantemente sufrimos el peso y el abuso de nuestras familias, el de tener siempre más trabajo en casa y el de resolver los problemas que nadie resuelve; el de llevar siempre encima el peso del mundo, nada menos que el de la sostenibilidad de la vida… Definitivamente no somos tan conscientes de cómo nos desposee y nos expropia este sistema machista y patriarcal.

¿Cómo vivís esto en la asociación? Hay muchas mujeres que se acercan pero no saben identificar qué es lo que no está bien. Se acercan tristes y a partir de ahí vamos desmontando todo eso que nos molesta y nos incomoda, hasta que se llega a la raíz y le ponemos nombre a esa tristeza. Desmontar es un trabajo pedagógico muy grande: encarnar la violencia para poder nombrarla y así poder rehacernos, repararnos y seguir, es un proceso del día a día.

Tenemos la impresión de que hay mucho ganado o al menos de que hoy en día las chicas jóvenes sufren poco machismo en su vida cotidiana. Hay muchísimas mujeres jóvenes en Mujeres Supervivientes. Yo creo que sobre los cuerpos de las mujeres jóvenes se está ensañando el machismo y el patriarcado, es como la respuesta y la reacción a todas estas conquistas: las del ocho de marzo, la de controlar cada vez más nuestros cuerpos (los piercings, las minifaldas,…) y la de haber conquistado más libertad sobre nuestra sexualidad (tener o no tener hijos, por ejemplo). Toda esa reacción machista se está cebando con las chicas jóvenes, me duele mucho decirlo. Claro que para ellas no es tan fácil reconocerlo, pero lo saben, porque inundan las calles, vociferan, gritan, hablan de ello… Pero no es fácil identificar esto cuando está tan sistematizado. Seguramente el Estado lo sabe pero no acaba de echar a andar, se está jugando con nuestras vidas y consentimos constantemente la reproducción de la violencia en los cuerpos jóvenes. Piensa sino en las violaciones colectivas hacia las mujeres, esta vez no tienen nada que ver con el control de su sexualidad, si no  con el castigo y la venganza sobre las chicas jóvenes. Es mi percepción.

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Fotografía realizada por Vanesa Esteban

Pero, entonces, ¿cómo es posible que exista esa percepción generalizada? Hay un discurso muy institucional, el de haber logrado cosas que no son mentiras, pero es la igualdad formal, es la igualdad institucional. Si bajas a la realidad la cosa es bien distinta: muchas mujeres no tienen vivienda, no tienen empleo, las que quieren tener hijos no pueden, hay mucha precariedad para ellas…Es indiscutible que hoy en día hay también mucha tristeza en las chicas jóvenes. También hay alegría y esperanza, pero ¿qué les quedan a las mujeres jóvenes con todo lo que está sucediendo? ¿Toda esa precariedad? ¿Toda esa violencia que está habiendo en la calle, como que les metan mano y las agredan y después no se le llame violación? ¿Qué venga un Gobierno de derechas y vuelva a cuestionarnos las cosas más básicas como el control de nuestro cuerpo? ¿El aborto?

Según la fuente de feminicidio.net, en 2019 ha habido 88 mujeres asesinadas por violencia machista. Sin embargo, en otras estadísticas sólo vienen 47. ¿Qué es lo que ocurre? El Estado sólo recoge la violencia en el ámbito de la pareja porque así lo dice la ley, pero hay muchos más casos que también son por violencia machista aunque sea fuera de la pareja. El sistema no está funcionando, esta semana pasada ha habido cuatro mujeres asesinadas. La presidenta del Consejo General del Poder Judicial lo ha reconocido, ella misma dijo que el sistema no funciona y por ello le doy mi aprecio y mi reconocimiento, porque es una obviedad que no se está garantizando la vida de las mujeres, los recursos del pacto de estado por esta cuestión no son suficientes: por ejemplo, debe haber mucha más educación de género en los juzgados para que los jueces puedan detectarlos y solucionarlos a tiempo. Miguel Llorente decía que el primer espacio donde se puede detectar si una mujer vive maltrato o no es en la consulta del médico, hablaba de un protocolo de actuación. Pero para ello, debemos estar preparados, formados, de lo contrario es imposible visualizar la violencia, está muy sistematizada. Tenemos que poner la vida de las mujeres en el centro de la vida, nunca mejor dicho.

Muchas mujeres siguen sin denunciar, ¿cuál es el principal motivo? ¿Cómo vives esto en Mujeres Supervivientes? La mayoría no denuncia porque no confían en la justicia. Hay otros motivos como que no tienen recursos, que tienen demasiado miedo, que se ven solas, impotentes, pero el primero de todos es la desconfianza hacia el sistema judicial, porque ellas mismas ven que, como hemos dicho antes, el sistema no funciona como debe. La mayoría se resiste y nosotras jamás presionamos, lo que pasa que afortunadamente siempre hemos podido al final ayudarlas a tiempo. El riesgo de asesinato siempre es inminente, sin embargo, se van sucediendo ciertos ítems que te hacen detectar que la mujer está en una situación muy grave, que ya no se puede aguantar más y así se lo decimos, le decimos que hay tomar una decisión. Entonces, en ese momento, inventamos diferentes estrategias para poder rápidamente alejarlas del peligro: cuando el hombre se va a trabajar o si está en paro a hacer algún mandado, nosotras vamos en taxi y la recogemos y la llevamos al Instituto de la Mujer. Y allí es estupendo porque la acogen muy bien. Claro que se van para no volver, imagínate si vuelve.

¿Alguna vez no habéis podido hacer nada? No, afortunadamente siempre hemos podido hacer algo. Cuando leemos que otra mujer ha sido asesinada nos duele mucho, porque pensamos que siempre se hay opciones para salvar la vida de las mujeres: la justicia, los familiares, las asociaciones, el barrio… Siempre, siempre se pudo haber hecho algo.

¿Qué les dirías a todas las personas que piensan que es injusto el hecho de que no exista a priori la presunción de inocencia para los hombres de cara al juicio y a la sentencia cuando se denuncia? Es muy cómodo seguir hablando de ese privilegio, el coste de la violencia de género son asesinatos y el coste de que les afecte a su presunción de inocencia es un día en el calabozo. No hay comparación en banalizar los asesinatos machistas a la presunción de inocencia, cuando el hombre se va a defender de todas las formas posibles siempre, porque todo ese maltrato y privilegio están  muy sistematizado.

¿Qué piensas de la cobertura mediática? Hay medios que tienen periodistas feministas estupendas, hombre también hay, pero aún son menos. Por ejemplo: El País, Píkara Magazine, Público, Tribuna Feminista… En esos medios, cuando se abordan temas feministas lo hace gente experta, no gente que está improvisando. Ha costado mucho que se ponga el foco en el asesino, en el maltratador, y por fin hay medios responsables con el lenguaje y con la divulgación.

 

Autora: Celia Asencio Bonilla, podrás ver mi perfil en ¿por qué La Desmadrá?

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